Ígneas Sopresas
La ululante bestia se alanzaba sobre mi con una ardiente vanguardia en forma de bola de fuego... me preparo para lo peor y pongo mis brazos tratando de cubrirme todo lo posible, en el momento que esto preparado para recibir el ardiente impacto y el calor se hacia palpable la bola de fuego se deshace ante mi incrédula mirada, el eco del cántico protector de Ethelar aun resonaba en medio de la batalla, me sonreía socarronamente señalando mi espada mientras abatía a un enorme orco con su espada.
Trate de reaccionar lo antes posible para poder asestar un golpe decisivo, pero la criatura estaba tan cerca que solo me dio tiempo a rodar por el suelo rápidamente y conseguir de nuevo mi espada para bloquear la ciega furia de el demonio, no esperaba ni mucho menos tanta velocidad en una criatura que estaba prácticamente diseccionada en dos... Su embestida fue tan salvaje que salí despedido unos dos metros hacia atrás, espacio suficiente para poder maniobrar mi mandoble y asestar otro golpe a la criatura, bastante menos certero, pero si afortunado, ya que fue a estrellarse contra una de las torcidas piernas de la criatura haciendo caer a esta al suelo.
Una vez derribada no fue rival para una espada bien entrenada y firme, su último aullido fue realmente desgarrador... Ethelar estaba cerca de mí ahora, manchado de sangre verde.
-Bien, parece que no necesitabas ayuda al fin y al cabo, pero como llevamos una estricta cuenta de las veces que nos hemos salvado, he creído que era una buena oportunidad...
La sarcástica sonrisa de ethelar me hizo dudar si sus palabras eran certeras o alguna especie de chanza.
-Bien... creo que entonces te debo una ahora, será mejor que nos pongamos manos a la obra, hay demasiado que hac...
Antes de poder terminar la frase una de las bolas de fuego escupidas por los horrores llameantes alcanzo el lugar donde estábamos, por suerte, ambos gozábamos de unos reflejos excepcionales.
-¡Vaya!, parece que están realmente enfadados... vamos a tener que hacer algo con esas criaturas, ¡tienen un carácter realmente ardiente!
-No recuerdo a ningún elfo con ese sentido del humor...
Repliqué con bastante seriedad.
-No pienso replicar eso ahora, como tu has dicho, ¡hay mucho que hacer!
Por como se movía y daba las ordenes, Ethelar parecía un veterano de cientos de batallas, incluso yo diría que estaba mas que acostumbrado a luchar contra los demonios... Sus tácticas defensivas minimizaron el número de bajas en el bando elfo desde su llegada de manera considerable, los clérigos de Selene ahora ocupaban sus lugares entre los regimientos de arqueros lanzando cánticos de protección sobre sus intrépidos soldados.
Las oleadas de de demonios menores se recrudecían mientras que los orcos huían en desbandada, no parecía que estuvieran muy convencidos de que fueran a ganar la batalla. Mientras me movía rápidamente hacia los horrores que provocaban los incendios me di cuenta de que los demonios estaban intentando no ser alcanzados mas que atacar... parecía como si simplemente pretendieran permanecer el máximo tiempo vivos.
Los horrores ardientes huían a gran velocidad, pero me asegure de tomarme toda la prisa que pude para llegar hasta ellos, una gran multitud de criaturas deformes se agolpaban frente a mi intentando frenar mi avance, mortales aguijones atravesaban de parte a parte a algunos soldados elfos, mientras otros tenían la desgracia de toparse con terroríficos buitres totalmente deformes que arrancaban sus miembros son sus terribles picos.
Gracias a la pronta acción de los clérigos y algunos dispersos hechiceros que habían llegado en estos últimos instantes, la balanza se inclinaba definitivamente hacia el bando elfo... seguía intrigado pensando en que podría estar ocurriendo con respecto a lo huidizas que eran las tropas cuando pude por fin golpear al primer horror llameante.
El grupo de criaturas ígneas al verse atacado empezó a concentrarse en un solo lugar, en poco tiempo se habían agrupado prácticamente todos en menos de diez metros a la redonda, momento en el cual, empezaron a arremolinarse unos sobre otros conformando una increíble espiral de fuego. Todo lo que estaba situado en poco espacio a la redonda de la espiral de fuego resulto totalmente calcinado en un instante, el resto, que se encontrase a tan solo unos metros a la redonda empezó a sufrir los efectos de la repentina ola de calor infernal, las armaduras de los elfos empezaron a arder y muchos de esos cayeron consumidos presos de las llamas... los demonios que un principio no parecían muy afectados empezaron a combarse en deformes masas de carne hasta que algunos explotaron por el increíble calor. Mientras que otros no parecían realmente afectados.
En medio de la confusión creada por el remolino y del centro de este mismo, comenzó a surgir una forma seudo humanoide con una voz que mas que hablar tronaba, de la vorágine ardiente surgió un príncipe elemental del plano del fuego...
El imponente tamaño del elemental hacia imaginar quien era el responsable de que las puertas hubieran sido destruidas de una manera tan brutal...
La verdadera batalla comenzaba ahora...
