Friday, December 01, 2006

Ígneas Sopresas

La ululante bestia se alanzaba sobre mi con una ardiente vanguardia en forma de bola de fuego... me preparo para lo peor y pongo mis brazos tratando de cubrirme todo lo posible, en el momento que esto preparado para recibir el ardiente impacto y el calor se hacia palpable la bola de fuego se deshace ante mi incrédula mirada, el eco del cántico protector de Ethelar aun resonaba en medio de la batalla, me sonreía socarronamente señalando mi espada mientras abatía a un enorme orco con su espada.

Trate de reaccionar lo antes posible para poder asestar un golpe decisivo, pero la criatura estaba tan cerca que solo me dio tiempo a rodar por el suelo rápidamente y conseguir de nuevo mi espada para bloquear la ciega furia de el demonio, no esperaba ni mucho menos tanta velocidad en una criatura que estaba prácticamente diseccionada en dos... Su embestida fue tan salvaje que salí despedido unos dos metros hacia atrás, espacio suficiente para poder maniobrar mi mandoble y asestar otro golpe a la criatura, bastante menos certero, pero si afortunado, ya que fue a estrellarse contra una de las torcidas piernas de la criatura haciendo caer a esta al suelo.

Una vez derribada no fue rival para una espada bien entrenada y firme, su último aullido fue realmente desgarrador... Ethelar estaba cerca de mí ahora, manchado de sangre verde.

-Bien, parece que no necesitabas ayuda al fin y al cabo, pero como llevamos una estricta cuenta de las veces que nos hemos salvado, he creído que era una buena oportunidad...

La sarcástica sonrisa de ethelar me hizo dudar si sus palabras eran certeras o alguna especie de chanza.

-Bien... creo que entonces te debo una ahora, será mejor que nos pongamos manos a la obra, hay demasiado que hac...

Antes de poder terminar la frase una de las bolas de fuego escupidas por los horrores llameantes alcanzo el lugar donde estábamos, por suerte, ambos gozábamos de unos reflejos excepcionales.

-¡Vaya!, parece que están realmente enfadados... vamos a tener que hacer algo con esas criaturas, ¡tienen un carácter realmente ardiente!

-No recuerdo a ningún elfo con ese sentido del humor...

Repliqué con bastante seriedad.

-No pienso replicar eso ahora, como tu has dicho, ¡hay mucho que hacer!

Por como se movía y daba las ordenes, Ethelar parecía un veterano de cientos de batallas, incluso yo diría que estaba mas que acostumbrado a luchar contra los demonios... Sus tácticas defensivas minimizaron el número de bajas en el bando elfo desde su llegada de manera considerable, los clérigos de Selene ahora ocupaban sus lugares entre los regimientos de arqueros lanzando cánticos de protección sobre sus intrépidos soldados.


Las oleadas de de demonios menores se recrudecían mientras que los orcos huían en desbandada, no parecía que estuvieran muy convencidos de que fueran a ganar la batalla. Mientras me movía rápidamente hacia los horrores que provocaban los incendios me di cuenta de que los demonios estaban intentando no ser alcanzados mas que atacar... parecía como si simplemente pretendieran permanecer el máximo tiempo vivos.

Los horrores ardientes huían a gran velocidad, pero me asegure de tomarme toda la prisa que pude para llegar hasta ellos, una gran multitud de criaturas deformes se agolpaban frente a mi intentando frenar mi avance, mortales aguijones atravesaban de parte a parte a algunos soldados elfos, mientras otros tenían la desgracia de toparse con terroríficos buitres totalmente deformes que arrancaban sus miembros son sus terribles picos.

Gracias a la pronta acción de los clérigos y algunos dispersos hechiceros que habían llegado en estos últimos instantes, la balanza se inclinaba definitivamente hacia el bando elfo... seguía intrigado pensando en que podría estar ocurriendo con respecto a lo huidizas que eran las tropas cuando pude por fin golpear al primer horror llameante.

El grupo de criaturas ígneas al verse atacado empezó a concentrarse en un solo lugar, en poco tiempo se habían agrupado prácticamente todos en menos de diez metros a la redonda, momento en el cual, empezaron a arremolinarse unos sobre otros conformando una increíble espiral de fuego. Todo lo que estaba situado en poco espacio a la redonda de la espiral de fuego resulto totalmente calcinado en un instante, el resto, que se encontrase a tan solo unos metros a la redonda empezó a sufrir los efectos de la repentina ola de calor infernal, las armaduras de los elfos empezaron a arder y muchos de esos cayeron consumidos presos de las llamas... los demonios que un principio no parecían muy afectados empezaron a combarse en deformes masas de carne hasta que algunos explotaron por el increíble calor. Mientras que otros no parecían realmente afectados.

En medio de la confusión creada por el remolino y del centro de este mismo, comenzó a surgir una forma seudo humanoide con una voz que mas que hablar tronaba, de la vorágine ardiente surgió un príncipe elemental del plano del fuego...

El imponente tamaño del elemental hacia imaginar quien era el responsable de que las puertas hubieran sido destruidas de una manera tan brutal...

La verdadera batalla comenzaba ahora...

Asedio


Incluso la voz de alarma era melodiosa y armónica, mientras una cacofonia de bestiales y guturales aullidos sonaban desde la puerta, mezclados con el sonido de golpes secos, miembros seccionados y furibundas llamaradas.


Mis zancadas cada vez alcanzan mas celeridad en mi camino hacia la puerta, pues debo apresurarme, puede que el ataque sea más serio de lo que parece... Al llegar al patio de arnas interior de la zona principal de las puertas me doy cuenta de que estas han sido prácticamente derribadas arrancadas de los goznes por pura fuerza bruta, aunque la escena de la batalla no parece indicar que ninguno de los enemigos haya realizado tal proeza....
Una cantidad demasiado grande de orcos y goblins de los bosques colindantes hace de carne de cañón mientras entre sus filas, grotescos demonios con forma de insecto y buitres amorfos se abren paso entre los defensores como cuchillos en la mantequilla.


Por doquier aparecen llamaradas y bolas de fuego escupidas por criaturas de pesadilla que se encuentran en la parte mas alejada de la marea enemiga, como terribles maquinas de guerra escupen fuego infernal que al parecer, a sus congéneres demonios no les afecta demasiado, sin embargo, no es igual para sus secuaces pielesverdes, que arden como yescas al ser alcanzados por las terribles llamas.
La habilidad de los guerreros elfos es admirable, por cada uno de ellos que cae al menos 10 goblins y 6 orcos lo hacen, pero cuando una de las abominaciones llega a la línea de combate la moral de los guerreros se desploma.


Una de las informes criaturas esta a menos de cien metros del lugar en donde me encuentro... esta eviscerando a un soldado elfo, intenta disfrutar de la carnicería, pero el pobre soldado se mantiene estoico, y no le da la satisfacción de gritar de dolor aunque sus intestinos están desparramados 5 metros a la redonda... Haciendo acopio de todas mis fuerzas cargo contra la criatura que estaba tan perversamente ensimismada en su tarea de destripar al guerrero que apenas se dio cuenta de que me abalanzaba sobre ella.


Ni tan siquiera intento esquivar mi ataque pensando que mi arma no podría herirlo que casi me estaba mirando amenazante y malignamente satisfecho de sensación de superioridad, esperaba por tanto, que mi arma fuera de maderacero... pero por desgracia para el mi espada es en realidad mis garras, y ellas pueden dar buena cuenta de cualquier demonio que intente presentar batalla. Tan fiera es mi acometido que yo mismo me siento sorprendido por el rugido de ira que sale de mis humanos pulmones... la criatura con pinzas de escorpión y cabeza de lobo se da cuenta demasiado tarde de que ni soy un soldado elfo, ni carezco de poder para herirle.
La monstruosidad levanta las pinzas para defenderse pero es demasiado tarde, yo ya he trazado el arco de bajada de mi espada, con un filo cortante como pocos y tan pesada que casi podría ser mas una almádena que una espada, el golpe cae de manera rápida y letal sobre el monstruo, seccionando por completo uno de los brazos y casi partiéndolo en dos hasta la mitad del torso.

Lleno de rabia suicida intenta contraatacarme con la pinza que no sigue unida a su cuerpo, lanzando un golpe fugaz logra desestabilizarme y hacerme caer rodando sin mi espada. La criatura se alza ante mi arrancándose la espada de su cuerpo herido, aun agonizante, es un oponente peligroso, ahora ya esta muerto y no tiene nada que perder...
Su mirada, cargada de rojo carmesí indica que su situación esta a la par de su sanidad mental, y aullando como la parte de lobo que posee se lanza sobre mi escupiendo al mismo tiempo una bola de fuego...

Cicatrices

Me tomo algo de tiempo volver a salir de la corte y dirigirme hacia las ruinas, una sensación de intranquilidad me llenaba de una inexplicable agonía... Los pasajes del palacio se hacían cada vez mas estrechos la maderapiedra iba desapareciendo armoniosamente junto a la corteza de los imponentes robles que conformaban la cuidad arbórea de los elfos. La visión era hermosa, pero no paliaba mi sensación de que algo no iba nada bien. Los elfos se escondían temprano en sus hogares, era extraño... Los elfos como todo seguidor de Selene disfrutan de la imagen de la diosa.

El descenso se convirtió en un recorrido realmente aciago, la sensación de fatalidad no dejaba de acosarme y sabía que algo no estaba bien. La sensación no era nada agradable, en todas mis anteriores batallas, sabia que algo obviamente iba mal, y tenia muy claro que eran mis enemigos esperándome. La sensación de la expectativa de una violenta y cruel batalla no era ni mucho menos aciaga. Ponía alerta todos mis sentidos y me permitía concentrarme en hacer todo el daño posible a mis enemigos, la pesadumbre y la pena, vendrían después, cuando la sangre ha sido ya derramada... jamás me alegre de la muerte de ningún enemigo, y nunca pase por alto la de ningún aliado, pero uno puede quedarse impasible cuando los débiles y los inocentes sufren.

Los jóvenes clérigos de Selene estaban preparando un ritual de sacrificio de ofrendas a Selene en el templo del pueblo, era extraño comprobar, que hasta ellos, unos jóvenes idealistas llenos de fe también tenían miedo de lo que pudiera pasar, sus movimientos delataban que el ritual se estaba haciendo con demasiada prisa y con muy poco cuidado...

-Saludos jóvenes sacerdotes

Traté de ofrecerles una sonrisa amable que calmase sus nervios, pero solo logre que uno de ellos se sobresaltara y dejase caer la oblación que estaban preparando. Con un rápido movimiento que los elfos casi no pudieron ver recupere el recipiente sagrado de sacrificios y lo deposite lentamente en su lugar.

-Creo que a Selene no le agradara una ofrenda llena de polvo...

Trate de persistir en mi sonrisa mientras me miraban con algo de escepticismo.

-Gra... gracias gran plateado... no os habíamos reconocido en armadura... nos contaron lo que ocurrió en el claro, pero... bueno...
Otro elfo del grupo más mayor... me dirigió una mirada desdeñosa y comenzó a escupir una serie de palabras.
-No se que haces aquí... dragón... los vuestros no deberíais existir, estábamos muy bien sin que vosotros aparecieseis en la gran guerra, ¡no os necesitamos! ¡Nosotros...!

-¡BASTA!

La voz del sacerdote encargado de la vigilancia templo surgió poderosa de algún punto lejano en el templo, se acercaba lentamente con paso dificultoso, hubo algo que me llamo realmente la atención de el. Era la primera vez en mi vida que veía a un elfo con un parche en un ojo, un parche de cuero de piel de dragón negro.

-Lo siento gran sacerdote Ethelar... yo...

El sacerdote ávido de bramar más culpas sobre mí y los dragones se callo con un gesto de sumisión.

-Aprende a moderar tu temperamento jovencito... no seré un sacerdote de Selene, pero en los lugares sagrados no se inician batallas, ni verbales, ni físicas....

Ethelar, el viejo sacerdote dirigió su ciclópea mirada hacia mi, y dibujo lo que yo hubiera jurado era una maligna sonrisa....

-Saludos wyrm... parece que algo inquieta tu corazón y no te permite concentrarte en la batalla que se avecina...

Mi mirada se torno curiosa de repente.

-Imaginaba que el poder de la sacerdotisa seria suficiente para captar mis sensaciones... ¿quien sois vos?

El anciano clérigo me regalo una sonrisa socarrona mientras respondía...

-Con todos los años que tienes, ¿no eres capaz de recorda.... reconocer a un clérigo de batalla de Thuradon? Estos jovencitos serán muy devotos de su diosa y ayudaran a mantener la moral y la felicidad del pueblo, pero solo confiarían en mi para organizar la milicia defensiva del mismo. Voy a darte un consejo... plateado. Si luchas contra esa criatura con esa sombra en tu corazón no podrás vencer... serás aplastado como una vulgar lagartija plateada... hiedes a depresion y... miedo.

Sus palabras, lejos de reconfortar mi corazón, más bien lo llenaron de una extraña ira que me inculcaba decisión y valentía. Aunque no sabia ciertamente contra quien iban dirigidas....

-Gracias por el consejo venerable ethelar. Lo tendré en cuenta... Mis disculpas si a alguno os he ofendido mi presencia... me iré en cuanto cumpla mi promesa.

Con estas palabras me di la vuelta y partí hacia las ruinas, la cuidad estaba muy silenciosa... hasta que de pronto... La alarma de la ciudad sonó, y las arbóreas puertas de los hogares de los elfos se blindaron fundiéndose en la nudosa corteza de los árboles que las componían. Pronto se oyó el leve rumor de los pasos a la carrera perfectamente coordinados de una dotación de elfos de la guardia urbana.
-¡ENEMIGO A LAS PUERTAS!

La voz del vigía no dejaba lugar a dudas, estábamos siendo atacados...

Oscuras revelaciones.

Contemple atónito la fuente de esa voz de mando... y mi sorpresa fue mayúscula, Ellessara me devolvía una mirada cargada pena y pesar, como si supiera que esto debía ocurrir antes o después, y que era una tragedia irremediable.
-¿Dama...?

Dije con voz entrecortada

-Saludos gran plateado... supongo que debía ocurrir antes o después... no había manera de dejarlo pasar, estaba escrito... tu destino era volver a este lugar maldito.
-No entiendo nada dama... ¿Que ocurre? ¿Qué es esta locura? yo no he estado nunca
aquí, de haberlo estado lo recordaría... la memoria de un dragón es portentosa...
nunca olvidamos...
-A no ser que lo deseéis enterrar en lo más profundo de vuestra mente
ciertos hechos... ciertas historias... Gran plateado, aun eras joven cuando todo esto
ocurrió, puede, que de haber sido un dragón mas adulto hubieras preferido no
olvidar... pero lo hicisteis... olvidasteis... por que tal fue vuestro deseo.

Ellessara parecía realmente preocupada, su voz estaba cargada de lamento, y la revelación que acababa de hacerme... todo era muy extraño, pero parecía encajar...

-Dama... por favor, necesito saber... necesito saber que ocurrió, a que se debe esto...
no entiendo nada ¡debéis ayudarme!

La desesperación empezaba a crecer dentro de mí, era un sentimiento extraño que creía no haber sentido nunca, pero que me era horriblemente familiar, algo terrible ocurrió en este lugar, y parece, que yo fui el culpable...

-La verdad de lo que ocurrió solo vos podéis saberla gran plateado, debéis buscar en
Vuestro interior, debéis desear encontrar aquello de lo que renegasteis y que
enterrasteis en vuestra psique. Yo... solo os puedo dar alguna pista, pues sois vos quien debéis decidiros a buscar lo que decidisteis no ver...

-Decidme pues dama... ¿que es aquello que podéis revelarme?
-Gran plateado... vuestro poderoso aliento... es de fuego, pero ningún dragón plateado
nace con esa capacidad... sin embargo, todos podéis usar un aliento congelante, ¿por
que vos no? Estudiad esta verdad, pues esta ante vos...

Siempre pensé que era capaz de usar mi aliento de hielo, pero ahora me doy cuenta de que no es posible... tal vez sea un efecto secundario a algo que me ocurrió... ¿y la respuesta esta... ante mi?
En ese momento mis ojos se clavaron en el enorme bloque de hielo donde estaba contenido el estandarte de batalla...

Un nombre vino de pronto a mi cabeza... Froschdaar, rey de la escarcha, príncipe elemental del plano del agua que comandaba los elementales del hielo, desde su trono mana el poder del hielo elemental...

-Dama... gracias por vuestro consejo... necesito visitar un lugar muy determinado, temo
que mi viaje me lleva aun más al sur de lo que habría previsto...
-Se que vais a visitar Froschdaar... tened cuidado, el no estará muy contento... os deseo suerte gran plateado, ahora empieza de verdad vuestro viaje...

Dedique unos rezos a Selene para recibir sus bendiciones curativas y prepararme para partir de viaje, antes de irme dedique una visita a la aldea elfa, todos parecían estar asustados, y los mas compungidos de todos fueron para mi sorpresa los reyes...

-Majestad... siento los trastornos causados a su ciudad, debo partir pronto, su majestad
la dama Ellessara ha mostrado una gran hospitalidad hacia mi y no se como poder
Pagaros... ¿hay algo que pueda hacer por vos y vuestra ciudad?

El rey Fantunel era un elfo extraño, diriase que era un semielfo debido a que tenia un prominente barba, sin embargo la sangre real fluía por sus venas, generaciones enteras de elfos puros en sus genes, pero sin embargo... ostentaba barba, decidí que era mejor no entrar en detalles en ese momento, ya mitigaría mi curiosidad otro día...

-Me alegro de que nos hagas esa propuesta gran plateado... ciertamente hay algo que
Podéis hacer por todos nosotros. Tenemos poder para repeler a los humanos, a los
orcos... e incluso a algunos demonios y no-muertos, pero últimamente por las ruinas
que vos visitasteis ha paseado una criatura cuyo cuerpo no puede ser herido por la
maderacero, no se ve afectado por las plegarias de Selene, y nuestros magos aun no
son suficientemente duchos en el arte para poder dañarla. ¿Podrías por gran
plateado, encargarte de ella? Seria de gran ayuda para nosotros...
Su cara no dejaba lugar a dudas, estábamos en una reunión privada y trato de ser todo lo expresivo que le cabía ser, todos sus poros rezumaban preocupación...
-Esta bien su majestad, me encargare personalmente... empezare a buscar cerca de las
ruinas, esta misma noche.

Friday, May 12, 2006

Los huesos del pasado.

Las vistas desde los claros, de los cuales el bosque estaba en algunas zonas salpicado, eran como poco impresionantes. No podría describir la belleza que se contemplaba desde uno de esos lugares que terminaba en una aguda piedra que daba la impresión flotar sobre un enorme risco.
La magnifica visión mejoró cuando una familia de águilas reales pasó volando con su orgulloso porte a mi lado, momento en el cual, me sentí bastante halagado, de que aquellas criaturas mantuvieran su orgullo aun volando cerca de mí, en cierto modo, los asemeje a algunos humanos que conocí hace mucho tiempo...

Desde aquel lugar se dominaba la visión de prácticamente todo el bosque, que casi entraba en la cordillera norte del continente, era un lugar de verdadero ensueño, es lógico que los elfos no suelan tolerar visitas indeseadas. Al observar cuidadosamente los claros me di cuenta de que algunos se repetían a intervalos, otros parecían contener formas que eran familiares en algún modo, en uno de esos muchos claros pude distinguir una pequeña edificación de piedra...

Incluso con mi aguda vista era prácticamente imposible distinguir de que se trataba esa edificación, por lo cual decidí que lo mas adecuado era verla mas de cerca, mucho mas cerca. Al tomar impulso para planear hasta el extraño claro, la piedra que estaba bajo mis garras tembló ligeramente, esperaba sinceramente que no cayese esa piedra, era un mirador excelente...

La familia de águilas reales no se aparto de mi camino en ningún momento, lo cual me divirtió bastante, ni aun viéndome pasar tan cerca las orgullosas águilas no cederían terreno, así que decidí que seria mucho mas divertido dejarlas continuar su camino.

El lugar estaba ya más cercano, no daba la impresión de haber ganado demasiada claridad con respecto a mi observatorio, supuse entonces que debía estar protegido por algún tipo de hechizo. Los árboles del bosque se combaban ante el ímpetu del aire cuando planeaba muy cerca de ellos, se inclinaban como una cohorte de serviles villanos ante un despótico rey.

Casi había llegado al claro, y se revelaba mucho más grande de lo que en un principio pensé, no me extrañé demasiado cuando al llegar al lugar noté una presencia mágica muy fuerte, en efecto, el lugar estaba protegido por un hechizo distorsionador. Las ruinas del lugar estaban cubiertas de una niebla mística cuya misión era impedir que ninguna criatura sin habilidades mágicas pudiese encontrarlas, caso por supuesto que no era el de cualquier dragón. Para un examen más cuidadoso y cercano volví a asumir mi forma humana favorita, no deseaba dañar el lugar, y al mismo tiempo quería visitar todos sus rincones.

No se necesitaba un examen muy detallado para darse cuenta de que ese lugar era un fuerte abandonado, medio derruido, y por desgracia para los defensores parecía incluso derrotado.

El exterior del edificio era ya suficientemente tétrico, pero entrando por uno de los desollados muros del fuerte comprobé cuan dura tubo que ser la batalla allí librada, enormes cantidades de huesos amontonados forrados de sus armaduras, horrendas formas mordiendo a las criaturas en armadura, y lo más impresionante de todo, un enorme pila de huesos de lo que debió ser una tremenda lucha entre un gran demonio, y un dragón, para mi sorpresa... dragón rojo venerable.

Las escenas de muerte y lucha se repetían por doquier, no había esquina en la que la violencia no dejase su terrible rubrica de sangre y huesos rotos, cada metro de fortaleza fue tomado a sangre y fuego. Los defensores fueron valientes, por cada hombre caído, yacían al menos 3 figuras demoníacas a sus pies, algunos, más valerosos y poderosos que otros pudieron derrotar a maestros demonio antes de ser asesinados.

El corazón de la fortaleza estaba lleno de barricadas en las cuales el combate debió ser mucho mas crudo, si es que tal idea era aceptable, dado lo terrible de los combates en todos los pasillos. Tras abrir las puertas del centro de la fortaleza, tintadas por completo de rojo carmesí, oscurecido por supuesto, por el paso del tiempo, me sorprendí enormemente, la habitación carecía de techo, la luz del día caía directamente sobre un enorme bloque de hielo que había en medio de lugar... pero lo mas sorprendente de todo, es que no había signos algunos de violencia alrededor.




Tras un examen mas detenido de la habitación me di cuenta de que en medio del bloque de hielo había algo.. parecia un estandarte de batalla... al acercarme mas pude verlo con mas claridad, y cuando vi el estandarte, una sensación de pánico y urgencia recorrió mi espina dorsal como un rayo... jamás había visto ese estandarte en las batallas humanas, en ningún lugar... en ninguno excepto en uno, ese era el emblema que todos los soldados portaban en sus escudos durante la batalla que tenia lugar en mis recuerdos perdidos...

Necesitaba saber que era, por que estaba hay, y que significaba, así que imprudentemente toque el hielo que recubría el estandarte, cuando lo hice, la fortaleza tembló lentamente y una oscura voz, de muchas personas, y de una sola al mismo tiempo, retumbo por toda la fortaleza:

- ¿Por qué has vuelto? ¿Por qué deseas remover los huesos del pasado? ¿No luchamos ya bastante? Lo dimos todo por vosotros... y solo nos obsequiasteis con dolor y muerte... ¿Por qué... habéis... VUELTO?

Los huesos de todas las habitaciones colindantes empezaron a moverse... a... recomponerse... y estaban alzándose de nuevo. En ese momento no pude distinguir si era una maldición que pesaba sobre esos pobres desgraciados, o un mecanismo de defensa de la reliquia, pero antes de que pudiera darme cuenta, estaba rodeado de enemigos.

La batalla comenzó sin mediar ni una sola palabra mas, pronto me rodeado, y con horror descubrí, que también superado, por una fuerza de enemigos demasiado grande, y no solo grande, sino poderosa. Daba la impresión de que los esqueletos conservaban parte, o toda la fuerza de su forma original, añadiéndole además el odio que sentían por mi, por muchos mandobles que pudiera propinar siempre había otros esqueletos esperando a clavar sus ansiosas espadas en mi, demasiados golpes encajé hasta que decidí tomar mi verdadera forma y huir del lugar por el momento. Pero de pronto oí una voz...

- Na mi sérë, menta ana lya noirë. ¡Sé i essë Selune!

Tuesday, April 11, 2006

Los dragones nunca dormimos realmente, tenemos sueños, como el resto de los seres, pero somos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor tanto como si estuviéramos despiertos, Lo que hoy ocurre es inexplicable para mí, siento un extraño entumecimiento de mis sentidos. Me precipito a la oscuridad del camino de los sueños sin poder mantener mis sentidos alerta, por primera vez en mi vida, parezco estar experimentando lo que los humanos sienten... al soñar...

El camino hacia la entrada del reino de los sueños es larga, y esta vez lo es aun mas, puesto que al carecer de mi nexo con el mundo exterior me centro mas en el camino hacia este lugar. Ahora contemplo este lugar de transición con otros ojos, puedo ver las cosas en las que antes no me fijaba, sutiles detalles, fragmentos de recuerdos que me indican el camino hacia mi propio fragmento del mundo de los sueños, oneiros...

Durante esta nueva visión del pasaje, me percato de cuantos recuerdos ya no están tan presentes como yo desearía en mi vida... cosa buenas, cosas malas, advertencias... es un buen refresco para la memoria.

Cientos de recuerdos... miles e incluso podría decir que millones, danzan lentamente ante mí durante este viaje, casi llegando al final de este, una imagen centellea en la entrada de oneiros, refulge con la fuerza de una estrella, tanto que casi podría decirse que iba a quedarme ciego, entonces lo veo con claridad, cuando me acerco a el lo veo...

Es el recuerdo de una batalla, una batalla cruenta y dolorosa, los seres que están en ella sufren terriblemente, todo tipo de seres, alineados contra las fuerzas de la oscuridad desatadas... una brecha en la realidad estaba dejando entrar las legiones del abismo.

Intento parar para contemplar mejor la escena, y tratar... tratar de recordar, pues cuando examino en mi mente para traer ese recuerdo, me doy cuenta de que no logro emplazarlo, Al entrar a recorrer oneiros una vez mas... siento un desasosiego fuera de lo normal, hay algo que no va bien. ¿por qué pareció esa imagen, si no lograba recordarlo...?

Apesadumbrado... no podía expresarlo de otra manera, ¿por qué ese recuerdo ya no estaba en mi mente...? esa imagen que coronaba mi llegada parecía realmente importante, pero no lograba emplazarla... Claro que, nunca antes había prestado demasiada atención a la transición... eso explicaría por que no lo había visto hasta ahora, pero aun así, el resto de recuerdos danzo delante de mí y en mi mente con toda claridad.

Si hay algo que los dragones no sabemos hacer... es olvidar, con lo cual, esto era un problema aun mayor de lo que podría parecer para cualquier otro mortal...

Alzo el vuelo lentamente en este plano astral, intentando encontrar pistas sobre lo que podría ocurrirme, mi vuelo discurre pacíficamente entre una formación de nubes con escaleras, que se conectan las unas con las otras, por ella transita todo tipo de criaturas conocidas y desconocidas, no me sorprendo demasiado, pues ya he tomado este camino otras veces y siempre conozco algún ser nuevo.

Esta vez si que hay un ser nuevo, y muy inquietante, y no por su aspecto diferente, si no por las sensaciones que me transmite... su aspecto, es algo... turbador. El niño pequeño me mira con una mirada intensa, clavándome sus ojos en los míos, y llamándome sin voz alguna, el sabia que yo iba a venir...

- Hola... sabia que vendrías... ya iba siendo hora.

Vuelo hasta la nube donde el niño esta sentado con los pies colgando hacia el vacío, me poso lo mas gentilmente que puedo, para no hacer que el pequeño pudiera caer, en ese mismo instante, me doy cuenta de que he reaccionado por instinto, ya que en oneiros, nada valen las reglas del mundo real.

- Saludos pequeño, ¿quien sois?

- No deberías tratarme con tanta reverencia... al fin y al cabo, nos conocemos desde hace mucho tiempo.

Tras lo cual sonrió apaciblemente.

- Me temo entonces que me llevas ventaja pequeño, pues no recuerdo quien sois, no

logro recordarte...

-¡Vaya! Cualquiera diría que eres un dragón, ¡cuantas cosas se os olvidan! ¿O me equivoco?

Dudo que en toda mi vida, mi rostro pudiera expresar un gesto de tanta sorpresa, y debo admitir, que incluso rozando el miedo, ¿quien era aquel pequeño poblador de oneiros que no podía reconocer, y quien supuestamente debía recordar? ¿cómo sabia el que no era capaz de recordar algo mas?

-¿Por qué me miras así? ¿Tan difícil te resulta reconocerte?

Esta vez su sonrisa revelaba mucho mas que la pura inocencia de un infante, denotaba conocimiento y sabiduría, poder, y una gran confianza en si mismo...

Al abrir los ojos me doy cuenta de que el día estaba alzado en su cenit, y que había una gran cantidad de elfos curiosos por ver a su singular invitado, algunos niños se les escaparon a sus progenitores y jugaban a mi alrededor, subiéndose por encima de la montaña plateada... no pude hacer mas que sonreír ante tal ironía, el poderoso dragón plateado era el patio de recreo de unos críos elfos.

Procuré no hacer movimientos bruscos al levantarme, e inspeccione al corro de

pequeños elfos, vana tarea, ninguno se parecía al niño de mis sueños.

Ellessara se acerco a mi y me pidió disculpas por que los niños hubieran hecho, no pudo acabar su frase, ya que yo asentí para darla a entender que nada malo había ocurrido.

- Gran plateado, ¿cuándo partiréis?

- Espero que pronto dama Ellesara, pero no antes de que la noche vuelva a caer, ¿hay

algo que necesitéis?

-Aun no.. Aun no.

La dama del bosque

Miro con cierto desaliento a mí alrededor y veo como los árboles empiezan a despertar y moverse, late en mi interior el deseo de desatar toda mi furia contra el necio de sulonarius... late poderosamente en mi interior ya casi lo noto, como ruge la bestia primordial y como clama por la sangre de los que me están dañando, hacia tiempo que no luchaba, y la practica de sujetar mis mas bajos y básicos instintos esta desgastada.

Casi se ha liberado cuando escucho una voz en mi cabeza... una voz firme pero a la vez suave y tranquilizadora, yo diría, que es la voz de un ángel... de pronto, me siento en paz de nuevo y la fiereza de mi alma se calma. La melodiosa voz femenina nos ordena acabar con él con el conflicto de inmediato, que depongamos nuestras armas y que cesemos en la violencia, al principio pensé que solo yo escuchaba el hechizo, pero todas las criaturas de alrededor, incluido el orgulloso sulonarius se calman y agachan la cabeza en gesto de sumisión. Pronto se empieza a discernir entre el bosque el sonido de una gran cantidad de pasos, tan ligeros, tan rítmicos, que de no ser por mis agudos sentidos no podría haberlos escuchado. Ahora, mas cerca, entre todo el cortejo de elfos silvanos con armaduras de maderapiedra y lanzas de maderacero... se distingue un brillo cegador, como si los rayos de la luna hubiesen bajado a la tierra y estuvieran allí.

El brillo corresponde a la brillante túnica de gran sacerdotisa de Selene, es una elfa de gran belleza e imponente imagen, la elfa se acerca a sulonarius despacio y esta pone una mano en su lomo...

- Sulonarius... eres nuestro mejor guardián... pero en algunas ocasiones tu celo supera con creces tu conocimiento, ¿por qué no preguntasteis a los árboles por la presencia de nuestro invitado?

- ¿Invitado? Mi señora ellessara, un humano no esta invitado al sagrado claro de luna...

¿Cómo él... ?

- Mi buen sulonarius...

La gran sacerdotisa de la luna me dirigió una mirada escrutadora e inquisitiva, como si tratara de confirmar lo que ya sabia.

- No te das cuenta... de que este humano no es si no... una criatura mágica, que comparte con nosotros su veneración por la luna?

Sulonarius me dedico una incrédula mirada durante al menos un minuto, sin siquiera saber que decir...

- ¿Qué... ?

- La respuesta es sencilla sulonarius... aquellos que navegan por los cielos bañándose en la argentea luz de Selene, aquellos que defienden el bien y la justicia como el caballero que parece... aquellos de entre las sierpes buscan la paz y bondad...

Al recitar estas palabras libero el hechizo de transmutación que me hacia parecer un caballero humano... la armadura empieza a pegarse sobre la piel de humano y fundiéndose en brillantes escamas por todo mi cuerpo, el casco comienza a adaptarse y extenderse por toda la superficie de mi cabeza completando la transformación de la imponente cola, la capa del caballero...

Los ojos de Sulonarius abiertos en maravilla empiezan a comprender lo grave de su error, y al comprobar el tamaño final de mi aspecto, también comprende lo cerca que ha estado del más terrible peligro que jamás habría de afrontar...

-Os pido disculpas gran dragón de plata... creo que necesitarais descansar de vuestra

reciente batalla, os ofrezco humildemente la paz de nuestro santuario, y para

convenceros de nuestra buena voluntad yo misma curare vuestras heridas con ayuda

del pozo de la luna...

La sacerdotisa sonrió de un modo afable, lo cual me hizo pensar directamente que la hospitalidad de los elfos nunca falla... momento en el cual una sonrisa también se dibujo en mis draconicos labios.

- Es un honor gran sacerdotisa, aceptare gustoso su ofrecimiento.

- Gran Sulonarius, ¿deseáis que el pozo os cure vuestras heridas?

- No mi señora, que mi asta perdida y mis heridas sean advertencia en el futuro, y

recordatorio de esta batalla...

La cara de Sulonarius se ensombreció visiblemente, y partió entre la maleza tan pronto la sacerdotisa le volvió la espalda. Los salmos y los ritos para usar el agua del pozo de la luna comenzaron pronto, el contacto con el agua del pozo era algo maravilloso e indescriptible, a la vez que sentía el calor del efecto curativo mi agitación se calmaba y empezaba a sentirme descansado, relajado, en paz...

dadas mis mermadas fuerzas y la fatiga que sentía, quede profundamente dormido en el suelo del santuario del claro, tal vez las salmodias contenían un hechizo para tal efecto, tal vez solo fuese mi cansancio, pero pronto me aletargue... el ultimo pensamiento que cruzo mi mente fue fugaz...

- ha sido una noche larga...

Thursday, February 16, 2006

El claro de la luna

El poder invertido en el hechizo merma mis capacidades de manera considerable, ahora voy a tener que parar antes de lo previsto…

Alzo de nuevo el vuelo y oteo el aun oscuro horizonte, empiezo a divisar tierra a unos centenares de kilómetros de distancia, si, esa será la mejor opción.

Remontando el vuelo gracias a las corrientes de aire de nuevo mansas y regulares me acerco a mi destino en tierra, a medida que me acerco reconozco con claridad del lugar, una autentica maravilla en este vergel que es el mundo, uno de los bosques mas frondosos e imponentes de todo hemisferio sur. Sus poderosos árboles se alzan ante mi como guardianes eternos de tan hermoso lugar, amenazantes e intimidantes, sus enormes ramas cubren casi por completo el suelo del lugar, protegiéndolo de las inclemencias del clima y de oteadores curiosos, como yo.

No dudo un segundo en descender hacia el claro mas cercano, espero recordar aun como es el bosque por dentro, o podría llegar a perderme… mientras una sonrisa de alegría cruza mi semblante como rayo, cierro los ojos para concentrarme… concentrarme en una forma concreta, un aspecto… un apariencia de… un benevolente anciano caballero, curtido en mil batallas y enfundado en una refulgente armadura argentea.

La imagen que mis ojos contemplan es digna de recuerdo, la luna completamente llena baña este claro del bosque en su totalidad, la fuente de cristalina agua que se encuentra en medio de el parece refulgir con luz propia, podría tratarse de un fuente lunar…

Dicen que tales lugares están protegidos por las criaturas místicas del bosque, y que pocos son los mortales que pueden acceder a ellos.

Cuando comienzo a caminar en busca de un lugar menos llamativo para descansar, me percato de que unas luces cruzan fugazmente por delante de mi, demasiado rápidas para ser simplemente luciérnagas, y con un vuelo demasiado errático… de pronto, puedo oír unas voces que parecen muy distantes, y a la vez tremendamente cercanas, no paran de recitar oraciones a Selene y preguntarse entre ellas, quien es el hombre de metal. Intento buscar entre mis memorias y no logro emplazarlas con ningún sonido que me resultase familiar, sin embargo, hay algo que si pude recordar… que las hadas nocturnas del bosque jamás tienen la misma voz dos veces, cambian sus pronunciaciones y sus tonos de voz para confundir a los humanos que tienen la mala suerte de dar con tan traviesas criaturas.

Es el momento de seguir caminando a buscar un lugar mas privado en el que descansar, aunque si ellas me han visto ya, tendré que contentarlas para que se marchen a buscar a otra persona a la que entretener, rememorando dichosos momentos en otro bosque parecido a este, una sonrisa vuelve a decorar mis ahora mas humanos labios, añoranzas y hermosos momentos danzan libremente por mi mente ahora mismo… Tan ensimismado estaba en esos hermosos recuerdos que no repare en los árboles moviéndose violentamente frente a mi…

Me llevo varios segundos reconocer lo que ocurría ante mi, y no era algo agradable…

Uno de los imponentes guardianes del bosque flanqueado por dos enormes treants me cerraban el paso de salida del claro, su mirada dejaba lugar a pocas dudas, y hablo con la voz de un trueno.

-¿Quién osa profanar el santuario de Selene, quien osa entrar en claro de Sulonarius sin

su permiso?

-Mis disculpas Poderoso y sagrado protector sulonarius, no era mi intención violar la

santidad del claro, tan solo he llegado y me he tropezado con el, mi buena voluntad

hable por mi, pues veis que me marcho sin siquiera haber tocado las cristalinas aguas

de la fuente lunar.

Los ojos de sulonarius se entrecerraron y se volvieron inquisitivos de repente, los guardianes del bosque estaban entregados a la naturaleza y sus caminos, por desgracia para ellos, sus sentidos mágicos no eran tan agudos como se hubiera deseado que fueran…

-¿Entonces humano, a que responde todo ese poder mágico que mana de tu interior?

¡conozco a los druidas!, ¡conozco a los magos de tu especie! Y ninguno, ninguno digo,

porta metal para proteger su cuerpo, ¡reconoce tu falta humano, o sufre la ira de

sulonarius!

-De cualquier manera sufriría tu ira, ¿no es así, gran sulonarius? Aun, así, poco o nada de lo que te diga harán que tu estrechez de miras te permita ver que no soy culpable de tal crimen, reafirmo mi palabra, y juro por las cuatro sierpes que no he profanado tu santuario, es mi ultima palabra, guardián.

- ¿Defiéndete entonces mortal!

La carga de los treants fue mas sorprendente de lo esperado, apenas tuve unos segundos para zafarme del primer puñetazo y sacar mi espada de la vaina, esto promete…

Durante la pelea he logrado cortar un brazo a uno de los treants, y otro esta bastante malherido, a sulonarius le sorprende la tenacidad con la que lucho, pues una de sus astas de ciervo esta cercenada en el suelo, y algunas magulladuras dan fe de mi fiereza en combate. Mi armadura esta abollada en varios lugares, y el asta de sulonarius ha logrado mellarla, aunque la batalla parece inclinarse a favor de mis contrincantes ahora no debo hacerlo... no debo transformarme, puesto que mi llama podría dañar al bosque entero, y no deseo mancillar el terreno sagrado.

-Has luchado bien mortal, increíblemente debería decir, pero es hora de que depongas

tus armas y aceptes mi juicio…

-No seré juzgado por un crimen no cometido…

Sulonarius comienza a recitar una plegaria a la madre tierra… es una plegaria cargada de ira y poder, todos los árboles de mi alrededor empiezan a moverse de una manera demasiado violenta, y tardo poco en darme cuenta de lo que esta haciendo… Esta despertándolos.

Wednesday, February 08, 2006

Oleaje

Una vez he recuperado la confianza y la bendición de Selene, el viaje ha de continuar, hermoso es su brillo, y las cosas que veo en ella reflejadas me encandilan, pero he de seguir volando…

Con el gélido aire soplando del norte aprovecho el impulso de una corriente que me llevara hacia las llanuras del sur. Para lograr el máximo impulso hago que mis alas batan con toda su fuerza, ya he entrado en la corriente de aire… esta me arrastra amablemente a través de uno de los mas hermosos paisajes que se puedan imaginar. Una vez alejado de las cordilleras que rodean mi santuario una alfombra de verde césped salpicada de pequeños bosques estampa el paisaje, el valle es algo hermoso de contemplar, pero de noche, el espectáculo producido por el ir y venir de las hojas de los árboles y el vaivén de la hierba lo convierten en un pequeño mar de destellos verdes y negros maravilloso.

En la distancia sonidos de nubes que portan tormentas y los poderosos vientos del norte empiezan a componer una sinfonía… una sinfonía de contrastes que se va completando… mezclando y cambiando durante todo mí vuelo, primero mezclada con el apacible sonido de las hojas y la hierba al mecerse en el viento dan una placentera sensación de bienestar. En cuanto cruzo el lado opuesto de la cordillera que completa el valle de pacificas praderas, el poderoso y terrible mar ruge con fuerza en la noche, haciendo así que la sinfonía cambie, y del tranquilo y solazado sonido del valle se convierte en una rugiente melodía de fuerza, determinación y poder. Observar como las gigantescas olas se rompen contra el acantilado produce en mí una profunda sensación de respeto y temor por el gran mar. Escrutar sus aguas en la oscura noche, donde la luna es el único faro que me guía me hace sentir insignificante incluso a mi.

Desde mí aventajada posición puedo escuchar la sinfonía de destrucción que las olas cantan para mí, pero no es suficiente. Viro mi cabeza para poder lograr la inclinación necesaria para… caer en picado, casi rozando el acantilado, la fuerza de la presión que la velocidad ejerce sobre las paredes de roca es tan grande, que noto como algunos cascotes se desprenden de ella… estoy cerca… muy cerca… y ahora lo oigo con mas claridad, con toda claridad… en la rabiosa, aunque lenta batalla que se libra entre el mar y la roca, esta pretende mantenerse estoica ante el ataque de las poderosas olas. Una batalla perdida, pues el mar tiene la fuerza y la paciencia necesarias para terminar derrotando a la orgullosa roca.

La mezcla de sonidos me cautiva, y su poder me hace estremecer, hasta que me percato de que debo alzar el vuelo otra vez, o terminare por desaparecer en esa terrible contienda entre las rocas y el mar. Rozando las crestas de las olas y sintiendo su helor en mis escamas logro alzar el vuelo para de nuevo buscar las corrientes de aire que han de llevarme a las llanuras. No es demasiado complicado, ya que sobre el nivel del mar es fácil distinguir los vientos, Una vez he recuperado el rumbo, la sinfonía cambia una vez mas, esta vez sin ser tranquila, ni estremecedora, se vuelve monótona… casi rozando lo tedioso, es una melodía de transición necesaria, para saber que estoy dirigiéndome a mi destino en la dirección correcta.





Para hacer la melodía menos aburrida, durante el progreso de mi vuelo subo y bajo casi hasta rozar de nuevo las olas, para poder obtener alguna variación en la pauta del sonido. Asimismo, el roce del agua con mis escamas me procura una gélida sensación de alerta que me mantiene despierto.

Me fijo de nuevo en la inmensidad de las oscuras profundidades, y recuerdo las historias que se cuentan en los libros de mi biblioteca sobre las terribles y antiguas criaturas que viven bajo sus aguas. Desde aquí arriba, afuera, parece otro mundo completo, seres diminutos y grandes colosos viven bajo sus aguas ajenos a todo lo que en el mundo de la superficie ocurre. Se dice, que incluso en nuestros días, días en los que los dioses parecen haber abandonado este mundo, el dios de los mares, habita en las más profundas y oscuras aguas del más imponente de los océanos.

Durante la parcial monotonía, en el ensimismamiento y mis ensoñaciones, no me doy cuenta de algo muy importante, un tifón de un tamaño considerable se va alzando ante mi, gracias a mis agudos sentidos lo he podido percibir desde una distancia prudente, pero ahora el cambio de rumbo va a ser mas brusco de lo que esperaba.

En el momento que empiezo a virar para poder alcanzar otra corriente de aire me doy cuenta de que todas las cercanas confluyen en la tormenta, me preparo para batir las alas y buscar alguna más lejana y me doy cuenta de que los vientos que me envuelven son más fuertes de lo esperado. Parece demasiado tarde para alejarme de el, ahora debo concentrarme en luchar contra los huracanados vientos que confluyen ante mi, y no ser arrastrado a las profundidades del mar.

La sinfonía que componía mi viaje ahora es una ensordecedora terrible melodía del mas puro caos, mis alas se estremecen a merced de la vorágine, pero no voy a ceder ni un ápice de voluntad, yo he doblegado a señores del abismo, los dioses me conceden audiencias, los elementos no van a hacerme arrodillar, capitulara antes el tifón de lo que yo lo haga, ¡ASI SERA!

Asciendo hasta lo mas alto de la tormenta, con un gran esfuerzo logro mantener la dirección correcta, el viento azota mi cuerpo con una fuerza inesperada, creía que la tormenta seria menos potente… Una vez logro situarme en lo más alto, comienzo a recitar un conjuro para dominar los bravos vientos, mis garras se mueven al compás del rito arcano, un rito que vincula al que lo practica con el plano elemental del aire. Los príncipes elementales escuchan mi llamada y acuden raudos a mí, el poder del hechizo es canalizado sobre mis alas, las cuales ahora hago batir con todas mis fuerzas para enderezar de nuevo el curso de los vientos. Poco a poco, y con la ayuda del poder de los elementales la vorágine va despareciendo, como desparece un enredo en el tejido de una costurera, y el telar queda de nuevo listo para ser hilvanado una vez mas

Vuelo nocturno a la luz de la luna

Hoy es uno de esos días en los que siento la imperiosa necesidad de volar muy alto, volar muy lejos, y contemplar el mundo bajo mis pies.

Mis escamas rozan ligeramente los resaltos de las paredes de mi túnel secreto, ningún ser humano jamás podría imaginar como se ha podido construir tan colosal perforación en una roca tan dura, y aun menos, como explicar por que no pueden siquiera verla desde fuera de mi morada.

El aire fresco me indica claramente que estoy cerca de la entrada, ¿o es la salida? Supongo, que tal vez solo es cuestión de perspectiva, por que ahora si es la salida.
Gélido es el viento que azota hoy los cuatro cielos y mis músculos se tensan ante la sensación del cambio de temperatura, todos listos, todos dispuestos, hasta el ultimo músculo de mi cuerpo se tonifica para prepararme para un largo vuelo.

Ahora puedo asomar la cabeza por la escondida abertura en la pared de la montaña, puedo distinguir claramente el brillo de la luna entre la vorágine de la tormenta que sin clemencia alguna esculpe en los cielos, la más clara expresión de la palabra caos, un baño constante de luz de luna entre las agitadas olas que las oscuras nubes. Cuando me reclino sobre el borde del túnel para saltar y alcanzar altura para empezar a planear sobre mi territorio me doy cuenta de que la sensación que produce la lluvia, es de una gelidez mucho mayor de lo que el viento prometía.

Con un gran impulso me lanzo al vacío en medio de la tormenta y logro obtener el resultado deseado, puedo encontrar las corrientes de aire caliente y frío, bato mis alas con la fuerza de un huracán desatado, y entonces empieza el hermoso desfile de las contraposiciones de la luz y la oscuridad de la noche sobre mi plateada piel. Unas veces iluminado por el suave tacto de la luz de la luna, y otras privado de su serena belleza por las negras nubes que amenazan con tragarse su brillo surco los cielos que rodean mi morada una vez más, para comprobar que ningún pobre desventurado cometa el error de entrar en mis dominios sin mi permiso.

Una vez estoy seguro de que nadie pueda caer en tan craso error, tomo impulso con mis alas y decido ver que me espera sobre la tormenta desatada. La fuerza del impulso parece insuficiente para atravesar los poderosos vientos que parecen amenazar el propio tejido de la noche, me lleva unos momentos darme cuenta de que esta tormenta no es natural, ya que los elementos se doblegan ante el poder de mis alas, ante el poder del dragón.

Algunos relámpagos rozan mis escamas dejando peligrosos avisos sobre su poder y su furia, pero yo no voy a doblegarme a la oscura voluntad que conjura este desastre.
Durante el peligroso ascenso me percato que los vientos embravecidos tratan de separarme de mi objetivo y mi hogar al mismo tiempo, otra descarga mas contundente de un relámpago me produce algo que solo luchando contra los mas poderosos oponentes he sentido, dolor.

El pensamiento y el sentimiento que cruzan mi cabeza en ese mismo instante traen recuerdos, recuerdos de batallas perdidas y ganadas, de grandes luchas, largas y terribles. Batallas en las que gane las cicatrices que hoy recorren mi cuerpo como estigmas y recordatorios de todo el camino de mi vida, de los errores del pasado, de las decisiones acertadas y de los cargos del deber.
Todos esos recuerdos despiertan en mi algo que siempre duerme en el interior de mi corazón, la fuerza oculta por la mesura y la contemplación, la rugiente llama que habita mi peche y clama por ser liberada… y obedezco a este poderoso instinto. Mis fauces se contraen en un gesto de resolución y furia, en el interior de mi pecho se agitan mis pulmones y esa sensación va subiendo por mi garganta, hasta que en mi boca se materializa el deseo de la ira y la fuerza. La llamarada alcanza de lleno el corazón de la oscura vorágine, no antes de haberse encontrado con repetidos relámpagos en su camino los cuales no pudieron más que perderse en las furibundas llamas.

Al impactar en las nubes estas intentan en vano luchar contra su fuerza y poder, pero es más que una llama, es mi voluntad contra la de la tormenta. Y el maléfico conjurador se da cuenta tarde de este crucial detalle, demasiado tarde para el, ya que incluso llamas le envuelven a el ahora. Todo dura apenas unos segundos, el hechizo se disipa en brillantes destellos de cegadora luz blanca que resplandece como el sol del amanecer en mis escamas.

Las nubes retoman su aspecto normal, mucho más amigable, como el mar que retorna a la calma después de una fuerte resaca. Ahora puedo ver la luna claramente, me baño en su luz, y su brillo renueva mi fortaleza, el dolor de la tormenta ha pasado y ahora me siento en paz. El cielo libre una vez mas puede verse tranquilo en kilómetros a la redonda.

Con el cielo en calma, siento que mi deuda con Selene queda saldada, y parto raudo a surcar los cielos de este mundo… una vez más…

Saludos mortales

Saludos mortales, durante mucho tiempo he meditado el contaros que caminos recorrí durante mucho tiempo, cual ha sido la senda de mi vida y he decidido compartir con vosotros algunos de los momentos mas remarcables de mi existencia, anécdotas, historias y tantas otras cosas ocurridas durante mi viaje. Sin mas dilación creo que empezare a explicaros el por que de mis grandes vuelos...

A lo largo de los tiempos tempranos de mi vida me sentí pegado al suelo, miraba al cielo con añoranza, pero mis alas aun no estaban hechas para los grandes y azules cielos. Trepaba a las cumbres mas altas para sentir la caricia de los vientos en mi cara, para sentir su dulce y frió tacto, era algo maravilloso, que me hacia sentir vivo.

Durante tanto tiempo soñé con volar, que cuando mis alas estuvieron preparadas nisquiera me di cuenta, seguía perdido en las ensoñaciones que tanto me gustaban, seguía conformándome con subir a la montaña y sentir el viento en mi cara, una vez mas. Pero un día ese mismo viento que tan amablemente me cuido, y que tantas promesas susurraba, me lanzo de la cumbre mas alta, creía que todo estaba perdido, pues siquiera mis duras escamas resistirían el impacto de la caída.

Tal fue mi deseo de volver a la cumbre, e incluso mas arriba, allí donde me llevaban mis sueños que en un arranque de ira mis alas se desplegaron y batieron con toda su fuerza, esto era algo que solo hacia para poder intimidar a otras criaturas a modo de defensa, pero en ese instante me di cuenta... mis alas fueron lo bastante fuertes como para ayudarme a planear, y tan fuertes, que en solo dos golpes de ala pude alcanzar y superar la cumbre que tanto visitaba.

Había llegado el día, el día de volar...